¿Somos los mejores?

RAFA HIDALGO

Rafael Hidalgo

Las personas, las organizaciones, los sistemas, las máquinas, muestran su verdadera capacidad cuando se les pone a prueba desarrollando su máxima potencia. En esta carrera contra reloj de vacunaciones, nos cabe el dudoso honor de estar clasificados los últimos -a excepción de Melilla y Baleares- en el ranking de las 19, (17+2) autonomías españolas.

La razón que esgrimen nuestras autoridades sanitarias, al igual que las políticas, es de que se están almacenando (al 24 de febrero se han aplicado el 61% de las 195.000 vacunas recibidas) una buena parte de las Pfizer para garantizar la aplicación de la segunda dosis ante la eventualidad de que haya retrasos en su suministro, política que no siguen, por lo menos con la intensidad de la nuestra, las 18 restantes comunidades españolas.

¿Obedecerá esta situación a que somos más listos que nadie? ¿Será porque tomamos en un principio una decisión acertada en su momento y que no hemos sido capaces de cambiar ante el desarrollo de los acontecimientos enrocándonos en la misma por aquello que reconocer un error no se encuentra en el ADN de nuestros mandatarios que siguen pensando que no podemos desmontar “nuestro hecho diferencial”? Sea cual sea la razón de la situación que se está produciendo que no es otra que la de hacer el ridículo ante la opinión pública imparcial, ese “sostenella y no enmendalla” pone de manifiesto un par de cuestiones. Una, que no somos tan capaces como manifestamos machaconamente una y otra vez y, dos, que un orgullo mal entendido está costando vidas humanas.

Entiendo que cuando durante muchos años nos han venido insistiendo sobre las bondades de nuestra forma de organizarnos y hacer, ahora al ver que nuestro sistema sanitario -y quienes lo sostienen contra viento y marea- chirría al someterlo a un prueba de máxima esfuerzo, no sepan dónde meterse, aunque eso sí, no dejando por ello de sacar pecho.

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