Soy pobre

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

Acabo de conocer el dato de Umbral de Pobreza de 2018 calculado por Elkartzen y la lectura que este movimiento a favor de los derechos sociales hace del mismo.

http://www.elkartzen.org/index.php/es/noticias/ingresos-dignos/123-2018-03-05-16-52-03

En 2018, el Umbral de la Pobreza para Hego Euskal Herria queda señalado en 12.401,33 euros, lo que significa una cantidad mensual de 1.033,44 euros.

Por lo tanto, teniendo en cuenta este dato, soy pobre. Ya lo sabía. Ya era pobre antes de encontrarme en situación de desempleo. También lo sabía. Lo que no me queda claro es si los 1.033 euros mensuales son el Umbral de Pobreza para una sola persona o para una unidad familiar de algún tipo. En caso de que sea lo primero soy más que pobre. Más bien somos. Pues la prestación por desempleo que percibo es el único ingreso que entra en un hogar formado por dos personas adultas y una menor de 16 meses.

No confieso abiertamente mi pobreza para causar lástima ni compasión en nadie. Mi situación no es algo aislado. Un tercio de la población de Euskal Herria sobrevive por debajo del Umbral de la Pobreza. Lo que sucede es que la pobreza se sufre en silencio. Es invisible. Y tiene un perfil bastante obsoleto. Asociamos a la pobreza el perfil de una persona que vive en la calle, que no tiene trabajo remunerado, que no percibe ningún ingreso o remuneración. El pobre ya no es sólo el indigente o sintecho de ropas zurcidas, luengas barbas y hatillo a la espalda. Que también.

Hay pobres que tienen trabajo. Incluso a jornada completa. Hay pobres que viven en casas y pisos. Incluso pueden ser propietarias de uno. Hay pobres que tienen coche. Hay pobres que cobran una pensión de jubilación. Que llevan a sus hijas al colegio todas las mañanas. Que van a comprar a Eroski. Que tienen una cuenta en Facebook o Twitter. Que no visten con harapos ni están en las puertas de los supermercados o de las iglesias pidiendo limosna con un vaso de Starbucks entre las manos.

Reitero. No confieso mi pobreza para causar lástima ni compasión en nadie. Hay dos cosas peores que ser pobre. Una es no saber que sé es. La otra es serlo y sentir vergüenza por ello. Esa es la gran victoria del sistema. Sumirnos en la pobreza sin darnos cuenta de ello. Y cuando por fin nos enteramos hacernos agachar la cabeza, avergonzadas y depresivas.

Desde hace ya bastantes años sabía que era pobre. No lo soy por decisión propia. La pobreza no se decide. Se impone. Por eso no siento vergüenza por serlo.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.