Trabajo o empleo

Oscar Gomez

 

Óscar Gómez Mera

El haberme quedado sin trabajo al final del pasado año ha hecho que durante lo que va del presente haya tenido que escuchar en innumerables ocasiones la pregunta “¿Ya tienes trabajo?”. A este interrogante suelo contestar que sí, que trabajo tengo mucho. Tener una hija que aún no tiene dos años hace que me mantenga ocupado la mayor parte del día. Amén de otras actividades como las propias del hogar (cocinar, hacer la colada, hacer la compra…) y de índole diversa. Ante dicha respuesta algunos de mis interlocutores me vuelven a interpelar con un “No, no. No me refiero a eso. Te preguntaba si tienes trabajo de verdad”.

Claro. Todo ese trabajo al que me refiero, y que durante generaciones y generaciones recayó de forma exclusiva en las mujeres, es un trabajo de mentira. El hogar, la crianza de las hijas, el cuidado de mayores y dependientes no es trabajo de verdad. Porque no está remunerado. Sólo por lo que se percibe un sueldo, aunque sea un sueldo de mierda, es un trabajo de verdad. Lo otro ni es trabajo ni nada. Es una puta broma de mal gusto. Algo que tenemos que realizar porque la jornada laboral, la de verdad, sólo consta de ocho horas (en el mejor de los casos) y nos tenemos que mantener ocupados en algo. No nos vaya a dar por ponernos a leer o a pensar. Eso sí, si a usted le sobra tiempo después de su jornada de ocho horas, el trabajo de mentira, el dedicarse a consumir para que siempre haya algo que producir y el tiempo que dedica a descansar para al día siguiente volver a trabajar de verdad y de mentira, no se dedique ni a pensar ni a leer. Fútbol, Sálvame, MHyV… Y si se le cruza el cable y le da por leer, que sean cosas livianas. El Marca y el Pronto, mayormente.

Durante décadas fue el hombre quien acudía a la fábrica, al taller, a la oficina, al comercio. Y la mujer quien se encargaba del trabajo no remunerado. Hogar, crianza, cuidados. El hombre percibía un sueldo por su trabajo. La mujer no percibía remuneración alguna. Ambas trabajaban para un sistema que se ahorraba un salario. Porque las labores del hogar, la crianza de la prole que pasaría a ocupar el puesto del padre en la producción o de la madre en el hogar, los cuidados de mayores y dependientes, era lo que permitía que el hombre se pudiera dedicar en exclusiva a aumentar la tasa de ganancia del capital. Capital que abonaba un salario cuando tenía que haber abonado dos. La plusvalía elevada al cuadrado. Y en esas seguimos.

Va siendo hora de que comencemos a asimilar lo que es empleo, el trabajo que es remunerado, y trabajo, que además del anterior, el empleo, abarca todo lo relativo a la propia vida. Cuando nos hayamos dado cuenta de todo lo que trabajamos a lo largo de nuestras vidas nos podremos empezar a plantear como acabar con el desempleo y la pobreza, y sobre todo, nos empoderará para decidir qué queremos hacer con dichas vidas. Antes de tener claro la diferencia entre trabajo en general y empleo en particular se antoja imposible. En todo caso, a lo máximo a lo que podremos aspirar será a seguir reivindicando el pleno empleo. Ese mantra que llena las bocas de ultraliberales, socialdemócratas e izquierdas posmodernas, y de empresarios y sindicatos mayoritarios, y que no es más que una falacia. Pues un ejército obrero de reserva, los y las paradas, es necesario para el buen funcionamiento del sistema de producción capitalista y la acumulación de capital.

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