Una posición crítica

Rafael Hidalgo Segurola

Rafael Hidalgo

“Háztelo mirar”, me decían unos amigos. Y lo hice y nada, pero nada de nada. “Pues, menos mal”, exclamé. Y, ¿qué es lo que tenía que hacerme mirar? Pues mi crítica posición permanente -o casi- con respecto a las autoridades políticas que dicen gobernarnos.

No obstante hice un examen de introspección para intentar definir mi postura y llegue a una serie de conclusiones que intentaré ordenarlas. La primera de todas es que una posición crítica, independiente y firme por parte de la sociedad civil, gobierne quien gobierne y eso es importante,-el no dejarse llevar por afinidades partidistas- es clave para una mejora continua del proceso de nuestra estancia en el planeta Tierra, bien entendido que el objeto de la crítica es discernir la verdad, poniendo en evidencia -o por lo menos intentarlo- la falacia, o el cómo se esconden determinadas actitudes.

La segunda (y no voy a seguir enumerándolas), y este es un obstáculo casi insalvable, es la forma peculiar que tienen los partidos de elegir sus candidatos. No a los más capaces, sino a los más fieles y manejables, por decirlo de manera suave. El sistema no queda mejorado, antes bien, con su concreción en listas cerradas, que no tiene otro objeto que premiar fidelidades a la vez que advertir, cosa que magistralmente definió ese dinosaurio de la política española que es A. Guerra con su celebre frase, “el que se mueva no sale en la foto”.

En la cultura de la mayoría de los partidos políticos no está incluida la de la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones importantes que afecten a su pueblo. Le preguntan una vez cada cuatro años -porque no hay más remedio- para que les pongan y a partir de ese momento “si te he visto no me acuerdo”.

Eso sí, para dárselas de progres vestirán los muñecos necesarios que aparenten cauces democráticos (a los que posteriormente no harán ni puñetero caso). Las audiencias que se soliciten a las autoridades no serán atendidas, salvo aquellas peticiones que provengan de simpatizantes, gentes de su partido y amistades. El centro de decisiones de las cuestiones importantes, por ejemplo, no está en mi pueblo, sino a 30 kilómetros de distancia o más.

El obscurantismo presidirá las acciones de los equipos de gobierno, como formando parte del paisaje. Su desmedido afán por hacerse con el poder (su forma de vida) y el no menos ardoroso de mantenerse en el una vez conseguido y en el que su vocación de servicio al pueblo es una tercera o cuarta derivada… Así que visto lo visto, ¿es que se puede hacer otra cosa que la de ejercer una postura crítica del sistema?

Para no alargar en demasía esta confesión, no citaré, el enchufismo, el clientelismo, las puertas giratorias, la prevaricación, la corrupción, el dolo, los sobornos, etc. porque la vida además de ser corta es estrecha y da para lo que da y nada más, siendo preciso elegir los objetivos en un intento de no dispersarse en exceso. Pues por todo ello, laguntxus, es por lo que desarrollo una posición crítica con el sistema y la clase política que nos ha tocado vivir, lo que no deja de ser una forma de que puestos a que te meen la pechera, pues que sea lo menos posible.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.