Y vendrán

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

Ningún inmigrante ilegal que quiera llegar a Europa, venga en patera o en clase turista, abandona su país, su familia, sus amigas, su hogar, por espíritu aventurero. Nadie decide embarcarse, nunca mejor dicho, en una empresa de tal calibre porque se aburre en su casa o porque no echan nada decente por la tele. Quien deja todo y se echa a correr en busca de una vida mejor, aunque luego se encuentre lo que se encuentra, viene huyendo de la guerra, del hambre, de la miseria, de la muerte. Guerra, miseria, hambre, muerte, de las que todas somos responsables. Porque todas tenemos nuestra parte de responsabilidad en el expolio que sufren los países de origen de todas estas personas que llegan huyendo.

Miles de personas se ven obligadas a abandonar su tierra y a recorrer miles de kilómetros porque el imperialismo ha llevado a sus países la muerte y la destrucción. Países saqueados para que el capitalismo mantenga su tasa de ganancia. Y aunque nosotras no seamos las causantes directas de esos genocidios, sí vivimos en los países llamados desarrollados que los causan. Si queremos comprar camisetas a tres euros, viajar en avión a Londres o Berlín por 50 euros ida y vuelta, cambiar de móvil como quien cambia de calcetines o llenar cada semana el depósito de nuestros coches, nos tendremos que ir acostumbrando cada vez más a situaciones como la del buque Aquarius. 629 personas metidas en un barco huyendo de países expoliados y en guerra para que las grandes corporaciones, que son quien de verdad nos gobiernan, aumenten sus beneficios con nuestro consumismo cómplice.

Es repugnante ver estos días los mensajes que ciertas personas dejan en las redes sociales contra la acogida a estas 629 personas. Personas que, con casi total seguridad, en su mayor parte están condenadas a una vida de trabajo por un salario de miseria y que ven el enemigo en el inmigrante ilegal y no en quien les condena a la esclavitud inconsciente. Tan repugnante como ciertos movimientos, fundaciones y ONGs, amén de tanto izquierdista posmoderno, que celebran la acogida a las inmigrantes del Aquarius, pero que no tendrán ningún problema en pedir, mañana mismo si es preciso, intervenciones militares que vuelvan a sembrar de muerte, hambre y miseria países de donde saldrán de nuevo hornadas de seres humanos huyendo del caos. Como es el caso de Libia, que ha pasado de ser un país con un alto índice de desarrollo a convertirse en un estado fallido donde bandas mafiosas campan a sus anchas traficando con seres humanos.

Deberíamos estar agradecidas de que todas estas personas vengan con la cabeza agachada, en actitud sumisa, pidiendo perdón con la mirada. Porque no son conscientes de que nos estamos comiendo su parte del pastel, aunque a nosotras sólo nos den la migajas, cuando nos las dan. El día que sean conscientes que llegan a los países que las han condenado a la travesía del desierto, ese día, estaremos perdidas.

Bienvenidas sean las 629 personas del Aquarius. Me tocan muy de cerca todas ellas, a pesar de que vengan de lejos. Porque todas esas otras que se dedican a rescatar autopistas y bancos, o a financiar confesiones religiosas y dar primas millonarias a futbolistas se me antojan muy extrañas. Prefiero rescatar personas desconocidas que bancos y autopistas conocidas y por conocer. Que vengan todas las que quieran. Pero que vengan porque quieran. No porque nada ni nadie les obligue a ello.

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