Zalla-Güeñes y Zaldibar: tres pueblos, dos realidades

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· POR Javi Portillo (ex alcalde de Zalla), Manu Maestre (ex-concejal de Zalla Bai, responsable de medioambiente) y Unai Diago (concejal de Zalla Bai)

El derrumbe del vertedero de Zaldibar ha puesto de manifiesto la ausencia de un control suficiente por parte de las instituciones de las instalaciones industriales más contaminantes que nos rodean. Pero, por encima de todo, ha supuesto un drama para las familias y amigos de las dos personas desaparecidas. La tragedia nos toca de cerca puesto que Joaquín Beltrán y la mayor parte de su familia son vecinos de Zalla.

VERTEDERO ZALDIBAR

Tristemente, los hechos han demostrado que las personas han quedado en un segundo plano en esta catástrofe, tal y como ha señalado la familia de Joaquín por medio de un comunicado en el que denuncian “el despropósito absoluto” de la gestión de la tragedia por parte de los “comisarios políticos”, así como la falta de empatía de las autoridades del Gobierno Vasco.

Tampoco se dijo toda la verdad desde el minuto cero al conjunto de la ciudadanía vasca. Bien al contrario, se optó por un relato oficial en el que se hablaba de catástrofe natural, de accidente laboral, de un hecho imprevisible y puntual que no debía poner en tela de juicio el proverbial buen hacer de la Administración vasca. Un discurso falaz que inevitablemente nos devuelve el eco de las declaraciones del diputado general Unai Rementería cuando afirmaba que “estamos al nivel de los países europeos más adelantados en materia de gestión de residuos.

Cumplimos con las máximas exigencias de la UE. Somos, y esto hay que decirlo con orgullo, la pequeña Alemania del Estado”. Ahora que desgraciadamente Euskadi ya tiene su particular Prestige, resulta inevitable asociar las palabras autocomplacientes de Rementería y de los responsables del Gobierno vasco con los dislates verbales que marcaron la negra historia de aquel naufragio: “Solo salen unos pequeños hilitos con aspecto de plastilina” (Mariano Rajoy”); “Las playas están limpias y esplendorosas, la visión es magnífica” (Federico Trillo); “En la catástrofe del Prestige solo hay un culpable: el barco” (Ana Botella).

Además, lo ocurrido en Zaldibar nos recuerda la penosa realidad de Enkarterri, una comarca lastrada por la desindustrialización y la falta de inversiones en promoción económica, sanidad y educación convertida por los mismos gobernantes en el vertedero de Bizkaia. Y es que en torno al valle del Kadagua se acumulan la única incineradora de Bizkaia, el basurero de Artigas, el mayor vertedero de “no peligrosos” de la provincia, la única planta de biomasa… De la pujante industria vasca, aquí solo llegan los residuos.

Para la ciudadanía que vivimos en Enkarterri, la crisis de Zaldibar ha permitido comprobar, igualmente, el agravio comparativo del organismo competente en materia de medio ambiente (Gobierno Vasco) entre este caso y el de la planta de biomasa forestal de GLEFARAN. Así:

  • En Zaldibar, el portavoz de Gobierno Vasco, Josu Erkoreka, dice por la mañana que la calidad del aire en las cercanías del vertedero tras los incendios es buena, y por la tarde, el viceconsejero y otros altos cargos del Departamento de Salud, visiblemente nerviosos, que han recibido unos análisis del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) que muestran que los niveles de dioxinas y furanos en el aire son 50 VECES SUPERIORES a lo habitual, pidiendo a los vecinos de Ermua, Eibar y Zaldibar que no ventilen sus casas y que no practiquen deporte al aire libre. Incluso se suspende el partido Eibar-Real Sociedad. Mientras tanto, en el entorno de GLEFARAN llevamos 4 años sin medir ninguna de las CIENTOS DE SUSTANCIAS NOCIVAS PARA LA SALUD QUE SE GENERAN EN LA ACTIVIDAD DE QUEMA DE MADERA, ENTRE LAS QUE SE ENCUENTRAN TAMBIÉN LAS DIOXINAS Y FURANOS, tal y como se recoge en el informe elaborado para la plataforma Güeñes Bizia por 3 prestigiosos científicos, dos de ellos con una larga trayectoria en el CSIC.
  • En Zaldibar, el viceconsejero de Salud dice que “la OMS no establece un nivel mínimo a partir del que estas sustancias son tóxicas, y una exposición a corto plazo no debería provocar efectos sobre la salud, salvo que fuese a concentraciones muy elevadas, una situación en la que no nos encontramos. Se actúa más como MEDIDA PROTECTORA que por evitar un efecto sobre la salud inmediato”. A largo plazo el viceconsejero sí reconoce que las dioxinas y furanos pueden producir cáncer. Mientras tanto, el informe elaborado para Güeñes Bizia indica que las dioxinas son altamente tóxicas y pueden causar cáncer, problemas en el desarrollo y en la reproducción, daño al sistema inmune e interferir con las hormonas. En Güeñes y Zalla llevamos 4 AÑOS EXPUESTOS A ESTAS SUSTANCIAS, entre otras muchas igual de tóxicas. Y si la situación no cambia ESTAMOS CONDENADOS A ESTAR EXPUESTOS DE POR VIDA a las mismas.
  • En Zaldibar, Gobierno Vasco prohíbe a los baserritarras de los caseríos cercanos la venta de alimentos para descartar riesgos a la espera de que lleguen los resultados de los análisis de pastos, frutas y verduras y de los terrenos de los caseríos, mientras que en el entorno de GLEFARAN no se ha realizado ningún control ni análisis de los alimentos ni del suelo de las explotaciones agrícolas, algunas tan importantes para nuestra comarca como el txakolí y la cebolla morada de Zalla.
  • En Zaldibar, Gobierno Vasco ha asumido su responsabilidad en materia de medio ambiente y está llevando a cabo las medidas de control anteriormente descritas, mientras que en el caso de GLEFARAN se limita a controlar las emisiones de partículas totales y NOx. El Ayuntamiento de Güeñes realizó un estudio que se ha demostrado sesgado y carente de toda validez, con resultados muy preocupantes, a pesar de todo; y ahora, el Ayuntamiento de Zalla quiere hacer otro estudio gastándose 100.000 € de todos los zallarras para lo mismo. ¿Por qué los alcaldes del PNV de Güeñes y Zalla no exigen al Gobierno Vasco que asuma su responsabilidad y prefieren tirar a la basura el dinero de tod@s para hacer estudios que actúen de cortina de humo con el fin de proteger a GLEFARAN y a “sus mayores”?
  • En Zaldibar, el sindicato ELA denuncia que el Gobierno Vasco trata de imponer la ley del silencio a la plantilla de Medio Ambiente para ocultar su responsabilidad, mientras que en GLEFARAN llevamos 4 años con la voz de los profesionales de la salud (Osakidetza) acallada por sus superiores políticos y sin sindicatos que denuncien nada…
  • En Zaldibar, todos los medios de comunicación están informando y denunciando a diario la situación y la pésima gestión política de este desastre, mientras que en el caso de GLEFARAN, ningún medio de comunicación de gran audiencia se ha hecho eco de lo que ocurre (con excepciones recientes y gracias a la repercusión de la crisis de Zaldibar). El pasado 25 de enero, 2.477 personas, de una población de 10.000, se manifestaron “por su salud” para pedir el cese de la actividad de quema de madera de la empresa. Ese mismo día fue más noticia para los medios mayoritarios que 200 personas de 30.000 se manifestaran en Durango por el peaje de la A8… El empresario de GLEFARAN está denunciado por la vía penal por delito ecológico, Gobierno Vasco por prevaricación y por falsedad documental, estando estas denuncias admitidas a trámite… ¿Acaso esta situación no es noticiable?

También resulta difícil de entender la diferente actitud de las autoridades sanitarias en el Estado respecto a la quema de biomasa. En 2016, ENCE quiso crear dos nuevas plantas en Canarias con las últimas tecnologías, pero el proyecto se canceló tras el informe de la Consejería de Sanidad canaria, que advirtió de que la contaminación que generarían sería perjudicial para las personas. ¿Por qué la Consejería de Sanidad vasca no ha emitido un informe que asegure que las obsoletas instalaciones de GLEFARAN no nos matan?

Parece evidente que los intereses económicos de unos pocos, con la complicidad del poder político, son los verdaderos causantes de este desastre. Hagamos un poco de historia… En una orden del año 2000, firmada por el entonces consejero de Industria Josu Jon Imaz, se estableció que la Administración dejara de ser quien «vela por la seguridad y calidad de la industria» de modo directo, quedando esta responsabilidad en manos de «titulares, proyectistas, directores de obra, instaladores, etc».

Por esa razon ahora, en su comparecencia sobre la hecatombe de Zaldibar, el lehendakari Urkullu hablaba todo el tiempo del carácter “subsidiario” de la actuación de su Gobierno. Josu Jon Imaz, tras ser presidente del EBB del PNV, entró en julio de 2008 en Petronor, filial de Repsol, como presidente ejecutivo; actualmente ocupa el cargo de consejero-delegado con un sueldo superior a los 4 millones de euros.

Pero la causa primera de todo es que nuestro modelo económico es insostenible: si vivimos en un planeta con recursos limitados, no parece lógico aspirar a crecer ilimitadamente… El hiperconsumo que promulga el sistema tiene muy poco que ver con nuestra felicidad y uno de los resultados de ese modelo es la ingente producción de residuos cuya gestión, como estamos comprobando en nuestras propias carnes, deja mucho que desear. El modelo nos está estallando en las manos y, en este punto, todos y todas debemos hacer una reflexión sobre nuestras prioridades, sobre nuestro consumo, sobre nuestra implicación en la vida social de la comunidad en la que vivimos, sobre nuestro voto.

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