AITOR MENDILIBAR | La falta de un visado para seguir soñando en Nueva York

Iban Gorriti

 

| El operador de cámara de Zaldibar se encuentra inmerso en la grabación de su primer largometraje en Estados Unidos, donde reside desde hace justos dos años

 

Cuando una persona viaja al extranjero a vivir, quién da más a quién: la persona al país o el país a la persona. Todos deberíamos ponernos en la piel de ese hombre o mujer. Todo emigrante es, a su llegada, alguien desnudo ante el mundo.

Aitor Mendilibar Otamendi acaba de cumplir el pasado 11S -fecha curiosa en su caso- dos años de residencia en Nueva York, ya saben, la que dicen capital del mundo. Acababa de cumplir 30 años. Su currículo informa de que es operador de cámara. Es noticia porque está grabando su primer largometraje en la isla de Nantucket.

 

MENDI MUGALARI

Es de Zaldibar, pueblo que nunca es capaz de dejar de nombrar como referencia para lo que sea, ahora bien, ya en un neoyorkino más. Ahí reside -curioso verbo, en este caso- lo que aventuraba en las primeras líneas: Estados Unidos está aportando mucho a su persona, a su crecimiento, a las oportunidades que el país le brinda, pero, ¿y lo que está aportando él a aquel ‘country’? Mendi, como es conocido por los que le quieren, se está dejando la piel, el dinero, echando el resto para poder seguir en Nueva York, donde quiere continuar aprendiendo, aportando. Aportando, aprendiendo.

Hace unos días asistía a la grabación de una entrevista a la todopoderosa Barbra Streisand, ha trabajado para, por ejemplo, Oren Jacoby, director de documentales nominado a los Oscar. Y quiere que el show continúe para lo que tienen que renovarle el visado.

Mugalari.info quiere contribuir a convencer a quien tenga la competencia en la materia para darles a conocer quién y cómo es Aitor Mendilibar, el hijo de ‘Selu’ y Mari Carmen, el hermano mayor de Jaione y Jon. Pero, rebobinemos la grabación. REWD. Permitámonos saber quién es Mendi al cuadrado: del paterno ‘Mendi’libar y del materno Ota’mendi’. Volvamos al cordón umbilical.

Aitor es de agosto, mes vacacional por excelencia en Zaldibar. Desde que hace uso de razón ha vivido su vida al día, sin preocuparse de su futuro o del qué vendría después. Agarrado al carpe diem, disfrutando  del momento y «haciendo frente a mis problemas en cuando las cosas se ponían chungas», remite desde la ciudad de 22 millones de habitantes.

El vizcaino nunca se paró a pensar qué le gustaría ser una vez adulto. «La gente le da vueltas desde muy joven a qué ser de mayor, pero yo no. En los estudios no me iba mal, sin esforzarme demasiado, pero cumpliendo», agrega.

A los 17 tacos comenzó a tocar el bajo en Disorders, grupo formado por colegas del pueblo que no ansiaban más fin que pasar un buen rato y reivindicar todo aquello que les parecía injusto, que no era poco, a ritmo de punk rock. Nunca imaginó que aquella banda de rock acabaría siendo para él lo que resultó. Siempre ha dicho que aquellos fueron los mejores años de su todavía joven vida. Se lo pasó de muerte, conoció a un interminable número de personas y «aprendí mucho de la vida», apostilla.

Disorders by Iban Gorriti 0

Durante aquel periodo vital, de forma paralela, pasó por el instituto. A continuación, continuó su formación personal con un curso de informática y un segundo de Telecomunicaciones, sector este último en el que acabó trabajando durante tres años. Metía horas, cumplía contrato, pero fueron los 10 años del grupo Disorders lo que él cita como «la ilusión de mi vida, lo demás lo hacía pues porque algo había que hacer». Pero un día Disorders dio al ‘Pause’ y quedó en ‘standby’. Fue en ese momento cuando se puso a pensar: «¿Qué hago yo ahora con mi vida?»

| DESEMPLEADO, PERO ‘NO PARADO’ | En ese momento, Aitor estaba en el ‘paro’ y no tenía claro por dónde tirar. «Pero, es que ni idea», subraya. Por casualidad, uno de sus mejores amigos, también desempleado y en una situación similar a la de Mendi le dijo que se matriculaba en un curso de audiovisuales. Le sonó bien. A los tres meses ahí estaban los dos en Gasteiz cámara mano, «sin mucha idea pero con mucha ilusión, como con los Disorders, sin mucha idea de tocar el bajo pero con ilusión. Y al contrario que con el bajo, parecía que la cámara se me daba bastante bien. Doble motivación». Sumaba 26 años cuando supo qué era lo que quería hacer el resto de su vida.

En la capital alavesa tuvo la suerte de tener unos profesores inmejorable, lo que hizo que la motivación fuer extra. Fueron dos años sobresaliente. Obtuvo las mejores calificaciones de su vida: cada vez tenía más claro su futuro. «Al mismo tiempo Disorders se acababa, pero la cámara cogía fuerza en mi vida».

Cuando el último curso estaba a punto de acabar, la tutora de Aitor le comentó: ¿Qué vas a hacer después de graduarte? «Buah, que bajón me entró», sonríe.

Ya tenía claro que se quería dedicar a la cinematografía, pero no tenía ni idea de cuál sería su siguiente paso a dar hasta que un día la docente le dijo: «Tengo una amiga que ha estado en New York estudiando cine, deberías contactar con ella.» Pues nada, ¡dicho y hecho! «Le llamé a Lara -la zornotzarra Lara Izagirre, que esta, ahora de vuelta en Euskal Herria preparando su primer largometraje-, me habló de su experiencia y de un día para otro ya estaba preparando todo el papeleo y las maletas para cruzar el charco», evoca.

Se matriculó el curso de un año de documentales en la New York Film Academy y el ‘explosivo’ 11 de Septiembre del 2012 se plantó en New York City sin apenas poder hablar inglés (y menos entender), después de haber pasado su vida en un pueblo de unos 3.000 habitantes.

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|UNA CIUDAD ÚNICA | Ya en Nueva York, descubre «una ciudad increíble, única». Al principio, admite, se le hizo muy duro: «No les entendía, la gente tiene un rollo súper diferente, la cultura, las propinas no las entendía, el ritmo de vida es acojonante, la competitividad que hay en esta ciudad asusta,… pero las oportunidades que ofrece no las encuentras en Euskal Herria. En estos dos años ha tenido la oportunidad de dirigir y producir cuatro cortometrajes, documentales, ha trabajado con filmmakers, cinematógrafos y editores nominados a los Oscar, ha sido parte de festivales de cine, ha aprendido muchísimo, y lo más importante, «estoy trabajando de lo que de verdad me gusta hacer».

En estos dos años de American Way of Life, ha trabajado para filmmakers como Oren Jacoby, asistido a cinematógrafos de la talla de Buddy Squires, ASC; Tom Hurwitz, ASC, Roger Grange o Ben Bloodwell. Comenzó grabando vídeos promocionales, videoclips, música y danza en directo, cortos para las tesis de sus compañeros de clase y amigos, pero poco a poco se ha ido haciendo un hueco grabando proyectos más grandes.

Hace un mes, tuvo la oportunidad de pasar tres semanas en el Caribe para grabar una serie de televisión, ha grabado unas cuantas ‘webseries’ que se estrenan este mes. «Y en estos momentos estoy grabando lo que será mi primer largometraje como cinematógrafo», informa ilusionado.

Estos dos calendarios pasados trabajando han sido una experiencia «inolvidable» y de momento, él continúa con ganas de quedarse por un tiempo allí. Es más, no hay intención personal de regresar. El visado no debe bajarle de su sueño, de su aportación al país norteamericano. «Lo que esta ciudad me ofrece no lo puedo encontrar en Euskal Herria, y aunque muchas veces me entra  herrimiña y eche de menos todo lo que dejé atrás en Euskal Herria, de momento, recién cumplidos los 30, veo mi futuro aquí».

| HERRIMINA | Familia y amigos le extrañan por lo buena persona que es. Por lo que enriquece las relaciones sociales. El guitarrista de Disorders, Iban Berasaluze, define a Aitor con precisión: «Es un tío de los que se pone con algunas historias y se puede tirar horas con ello hasta que se le haga de día. De los que no les importa quitarse horas de sueño porque se mete en algún proyecto y se olvida de todo lo demás», valora y va más allá al entrar en su ámbito personal. «Es un tío muy cercano, de los que prefiere un abrazo y una caña a una llamada de teléfono».

Llegados a este punto, Aitor -hijo del reputado entrenador de fútbol José Luis Mendilibar, hoy con las riendas del Levante- concluye este repaso a su biografía compartido con una reflexión: «Muchas veces me he puesto a pensar sobre qué sería de mí si hubiese descubierto mi vocación cuando tenía 17 o 18 años, pero es que en ese momento ni se me pasaba por la cabeza, siempre viviendo el día a día, y no me arrepiento. Y, además, pienso que la vocación, por mucho que lo intentes, uno no la encuentra a la primera de cambio, sino que en el momento menos pensado te encuentras con ella. Antes o después, pero llegará. Todos tenemos algo que nos gusta y se nos dé bien, solo que no lo sabemos».

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