VELADA FOTO-LITERARIA CON TXELU ANGOITIA Y JM ARRUABARRENA | «Nos influencian más los escritores que los fotógrafos»

I. Gorriti

Retenía estos días un legado de Alejandro Jodorowsky. El chileno acuñaba el siguiente pensamiento: «Tal vez si prohibieran la literatura al igual que la cocaína, las personas por puro morbo buscarían meterse un par de rayas». Otro tanto deben pensar los fotógrafos Txelu Angoitia (Durango, 1960)  y J.M. Mari Arruabarrena (Durango, 1964). Ambos junto al malogrado Segun Lazkano (Elorrio, 1959) crearon en junio de 2012 un ‘big bang’ de plástica decadente en su proyecto común titulado ‘Noctis labyrinthus’. Tres autores; tres libros editados en comandita. El primero llamó al suyo ‘Angst’; el segundo ‘Moo’ y quien se echa en falta ‘Ero’.

El pasado jueves recalaron con su universo al auditorio del centro Zelaieta de Amorebieta-Etxano. La velada ofertaba una actividad que trenza el arte fotográfico y la retórica. Es decir, en este caso, proyección audiovisual y lectura literaria. La apuesta de Arruabarrena y Angoitia volverá a parar el tiempo real el 21 de noviembre en el Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao (www.cfcbilbao.com), ubicado en la plaza Ensanche, número 11,  partir de las 19.30 horas.

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Montaje simétrico realizado partiendo de solo una parte del cuerpo de Fran Lasuen. | EXPERIMENTACIÓN | Iban Gorriti

 

En la jugosa cita zornotzarra, la oscuridad fue la antesala de lo que se venían encima a oídos y ojos. En cada jornada -iniciativa itinerante-, los impulsores tienen previsto que un invitado abra y cierre el telón del encuentro con el público. La pasada noche de Luna Nueva el concurrente fue Fran Lasuen (Eibar, 1959), artista polifacético.

A través de sus quevedos leyó, declamó, interpretó. El euskera y el castellano pedían la vez en su voz. También, a continuación en las cuerdas vocales de Angoitia y Arruabarrena. Se solapaban literatos y filósofos internacionales. Todos ellos tenían en común, que alumbraban y sentaban sombras marcadas, duras, sobre la vida, lo cotidiano. Más adelante, acabada la parte teatralizada y visual, los dos autores colegas de Segun Lazkano llegaron a admitir un axioma del que partir: «Nos sentimos más influenciados por escritores que por fotógrafos».

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Angoitia, izquierda, y Arruabarrena, derecha, al finalizar la lectura y presentación de sus trabajos fotográficos. | PHOTO |I. Gorriti

Antes de seguir dando pasos por esa senda, el sentido de la vista nos va dando mensajes, alarmas visuales sobre lo que acontece ahí fuera y que aunque presente pasamos de largo haciéndolo invisible. Sobre todo, porque no nos interesa ocuparnos de lo que no conocemos y, menos, puede incomodar las conciencias.

| DESAGÜE EMOCIONAL | Tras textos desvencijados, los fotógrafos dan al Play que activa sobre un lienzo de pantalla, en imágenes, el mundo destartalado, como si en vez de redondo el globo Tierra fuera cuadrado, con seres calificados de inhumanos con mentes inconclusas o con ausencias de piezas en su engranaje. No es gente abollada, como a la que cantaban Surfin’ Bichos, sino personas de las que solo conocemos su paso fugaz ante el obturador; el resto puede llegar a ser curiosidad e, incluso, a día de hoy no ser. Falta. ¿¡Quién sabe!? Porque el fondo del bar podría ser el fondo del mar. La calle, el desagüe emocional.

La pantalla avisa. La propuesta ‘Moo’ de Arruabarrena echa a deambular ordenada por la pantalla del familiar paraninfo municipal. El rotring escribe en la oscuridad, recoge órdenes mentales: sombrío, acristalados, desconcertantes, tullidos emotivos… palabras en caos cotidiano, aunque  con ley de verticalidad que empuja al acantilado de los miedos, las locuras, lo oscuro, lo frío y mojado. Tan solo los colores pasteles que provoca la aplaudible decisión del autor de desaturar la propuesta le proporciona cierto vaho de esperanza.

A continuación, retornan los textos leídos. Un oído escucha leer a Atxaga, mientras el otro le pone de forma consciente música de Itoiz al relato ‘Telefonean’. A modo de estribillo, retumba ‘Gauaren erdian’, como también los ecos de otras firmas menos conocidas, aunque igual de interesantes. Mujeres, hombres que hacen retumbar el esófago con su bilis.

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Txelu Angoitia. | PHOTO |I. Gorriti

Es el momento de un resumen de ‘Angst’, de un Angoitia desconocido. La pupila sigue la profundidad de la propuesta, el gusto que sabe como una cerveza para dos, la intriga de un discurso cinematográfico, el instante desconcertante y desconsolador de la navaja horizontal, sin filo, que sin embargo separa la vida de la muerte.

Y tras más textos interesantes que en ocasiones son llamadas de teléfono comunicando, reverberantes, los dos durangueses dan paso a la obra de Segun Lazkano, que da una vuelta de tuerca a la verticalidad desafiante de salir del plano de Arruabarrena y al lecho horizontal de tránsito más lento de Angoitia. Sin embargo, los dos salían a la caza de la víctima a positivar.

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JM Arruabarrena. | PHOTO |I. Gorriti

El de Elorrio decidió atacar el tabú de la muerte. Y lo hizo de cara a cara. Le puso tez a la cuenta atrás del raciocinio, del disfrute de vivir. En el proyecto, es el único de los tres que pide que alguien pose para él. Y hace uso de cualquier herramienta que distorsione la realidad e, incluso, la no-realidad. Llega a diseccionar píxeles, trasmite al público psicofonías en papel, blanco y negro sin cánones dogmáticos; plasma la locura sin rostro. Expropia mentes de cráneos que aún lucen carne. Va dando pasos hacia la no-luz. Sombrea las sombras, desenfoca la alegría hasta que queda invertebrada. Busca con ansiedad la perfección de lo desequilibrado.

Y todo ello junto, en el crisol de quien ha terminado las labores del día, a pesar de todo: infunde sosiego. Tal vez sentirte muerto es solo el placer que se desprende de la simbiosis de fotografía de anónimos con literatura de tan famosos apellidos que no necesitan sino más que una o dos letras capitulares que resuman su nombre.

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Un txoko de atrezzo para la ocasión. | PHOTO |I. Gorriti

«No nos identificamos con mucha de la fotografía que se hace»

I.G.

Al finalizar la proyección, los ubicados sobre el escenario resumieron el proyecto conjunto de la triada. Se autorretrataron, como ya hemos citado ‘rayas’ más arriba, más influenciados por escritores que por fotógrafos. De hecho,  Arruabarrena se atrevió a ir un paso más al frente: «No nos identificamos con mucha de la fotografía que se hace».

Alguna de nuestras impresiones coinciden con sus conclusiones en torno al trabajo de ‘Moo’ y ‘Angst’. Paso a enumerar enunciados propuestos al contraluz de su presencia ante el público: «Nos describimos; sugerimos». «Como un símil literario, no fotografiamos una ciudad para hacer una guía de viajes, sino que buscamos una novela».

Ambos citan el furtivismo. «Si robas las fotos expresas extrañeza. Miras de fuera. Hay un alejamiento, distancia», valoran. En el otro lado, a 180 grados, se diferencias en el proceso de trabajo para encauzar caminos diferentes.

En los tres casos, la fotografía era la verdad. Dispararon sus cámaras «en los límites entre la realidad y la ficción», tal vez, como si hubieran prohibido la literatura, como si llegaran a adormecer las fosas nasales y con tino, también el instinto de caza. «Es difícil vender un libro». No lo dicen, pero es más fácil comprar cocaína.

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