El PNV de Mungia despide al gudari Pablo Uriarte del batallón San Andrés

Iban Gorriti

Estaba pendiente su entrevista. Tras la publicación del libro ‘José Moreno, el último gudari del batallón San Andrés’, este medio demostró que no era el último como cita el título del tomo. Que también vive en Bermeo Antonio Telleria Bilbao y hasta hace unos días Pablo Uriarte. Teníamos constancia de él gracias a la amabilidad del concejal del PNV de Berango, Aitor Miñambres que nos lo notificó. Sin embargo, el paso del tiempo no ha permitido conocerle a sus 99 años.

De todos modos, su partido, el PNV de Mungia ha difundido un texto de despedida a Uriarte.

PAblo Uriarte

Pablo Uriarte junto a su esposa. | PHOTO | PNV de Mungia

Mungiako Uri Buru Batzarra

Pablo nos dejó por escrito parte de sus vivencias de la guerra. Gudari de los Batallones San Andrés y Lenago il, vivió el bombardeo de Gernika estando en las faldas del monte Oiz, donde según sus palabras, “a ellos solo les ametrallaban; dejaron las bombas para Gernika”. Detenido en Santoña por las tropas italianas, tras su entrega a los españoles, fue trasladado cerca de Zaragoza, a una fábrica de azúcar abandonada: “Allí empezaron las declaraciones y los palos”; de allí a los Batallones de Trabajadores, con los que fue enviado a Teruel, a un barranco con un pico y una pala para cada pareja, a hacer trincheras. De ahí a Miranda de Ebro, y después a Lérida, a dormir en el suelo, con una manta por encima y una funda de colchón sin relleno por debajo, “juntitos” con otros compañeros para minorar el frío, comiendo “sardinas en lata y un chusco de pan” al día; rezando cada jornada para que la pesadilla terminase, pero teniendo que asistir entre tanto, al fusilamiento de cuatro compañeros que intentaron huir a los Pirineos; impotentes ante las ametralladoras que dispararon a los mismos por su intento de fuga, y que les apuntaban a ellos mientras enterraban a aquellos. Le esperaban todavía otros destinos en Palma de Mallorca, Barcelona y Asturias, donde trabajaron “igualando el terreno con carretillas y vagonetas, y donde, en el barro que se formaba, más de uno fue al hospital con los pies congelados”.

Unos meses después, “antes de terminar el castigo -contaba Pablo-, empezaron a pedir informes a los pueblos, y al que le venía bueno, le mandaban a casa; pero a mí, no me tocó, y tuve que terminar el castigo de los años y volver a casa con 29 o 30 años, perdida la mejor juventud, y teniendo que buscar trabajo, novia y casa”.

El informe que sobre Pablo firmó la Guardia Civil en marzo de 1941, y que le mantuvo esclavo de los franquistas durante todo ese tiempo, decía que Pablo era “un hombre de buena conducta personal, al que se le desconocían hechos reprobables”, y sin embargo, no mereció nunca su aprobación por ser un “individuo de ideología política separatista vasca bastante exaltado, así como también sus familiares son también separatistas vascos, desafectos al Movimiento Nacional”.

Cuánto orgullo nos genera, Pablo, saber que efectivamente eso mismo fuiste: un hombre entregado a tu Patria, Euzkadi. Un hombre bueno que vio truncada su juventud por quienes pretendían, ayer al igual que hoy, imponernos su patria, su identidad y su bandera. Pero no lo conseguirán, Pablo, no lo permitiremos. Siguiendo tu ejemplo, nuestros corazones seguirán estando llenos de esos sentimientos y esa ideología que tanto molestan y preocupan a los españoles: la nuestra; geurea, abertzaleona. Euzkotarren Aberria, Euzkadi da. Argi zeneukan zuk Pablo, eta argitasun horregaz jarraituko dogu guk, zeuk erakutsitako bidetik. Gure Herriaren askatasuna lortu harte. Zor deutsuguelako: zeuri eta zulango hainbat eta hainbat gudariri.

Agur eta ohore, Pablo. Egun handirarte, Gudari.

 

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