El proyecto Jesuiten Etxea inicia una nueva etapa con vocación de dejar huella en Durango

Jesuiten Etxea nació en 2007 en Durango con la intención de dar respuesta a la dramática realidad de las personas sin papeles. Los miembros de la Comunidad Jesuita tuvieron claro que Jesuiten Etxea no era un simple albergue, sino una familia. Además de la acogida, el proyecto ha tenido como objetivo la inclusión desde el principio.

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En la rueda de prensa que se ha ofrecido hoy en Durango, han participado cuatro representantes de las instituciones que forman parte del proyecto. Eva Rodríguez Salcedo, directora del colegio San Jose Jesuitak; José Javier Pardo Izan, delegado de la Plataforma Loiola; Karmele Villarroel Labanda, trabajadora social de la Fundación Ellacuria; y Alaia Berganza Gangoitia, responsable del equipo de Ciudadanía del colegio San Jose Jesuitak.

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En 2020 la Compañía de Jesús cerró la Comunidad de Durango y el proyecto de Jesuiten Etxea comenzó un nuevo camino. Al cierre de la asociación, los Jesuitas manifestaron que no abandonarían su obra en Durango. José Javier Pardo Izan ha querido recordar aquellas palabras, recalcando que “hoy podemos decir con profunda satisfacción desde el agradecimiento que es una realidad cumplida: Jesuiten Etxea sigue adelante”.

La trabajadora social Karmele Villarroel Labanda ha explicado que el proyecto actual surgió de la mano del Gobierno Vasco, en junio de 2020, con el objeto de establecer procesos de incorporación social con jóvenes migrantes en situación de vulnerabilidad y sin una solución residencial en el contexto de la pandemia por la COVID-19. Con los mismos principios y objetivos del principio, Jesuiten Etxea ha emprendido un nuevo camino basado en la colaboración. Además de la Compañía de Jesús, participan en el proyecto la Fundación Ellacuria, el colegio San José Jesuitas y el grupo de ciudadanía local y la red de voluntarios de la asociación CVX Arrupe.

A su vez, tal como ha explicado Karmele Villarroel Labanda, “en estos meses se han hecho los contactos necesarios tanto con la Mancomunidad como con el Ayuntamiento de Durango para favorecer que esta casa se convierta en un espacio que dé respuestas a las necesidades que se presenten y que sume en la construcción de una ciudadanía diversa y comprometida”.

Hoy en día, son 16 los jóvenes que viven en Jesuiten Etxea; todos ellos cuentan con planes de incorporación individualizada en marcha y están en formación diaria, tanto para mejorar el castellano como para aprender un oficio que el día de mañana les suponga la llave para una vida autónoma.

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Un proyecto con vocación de dejar huella en Durango

El colegio San José Jesuitak ha desempeñado desde su creación un papel social activo en Durango, y desde ese punto de vista la inmigración se sitúa hoy en primera línea. La directora del colegio, Eva Rodríguez Salcedo, tiene claro que “la inmigración es un reto” y que la sociedad debe dar “una respuesta adecuada”. Aunque algunos lo puedan ver como un problema a resolver, el colegio tiene una visión muy diferente de la migración. “Para nosotros y nosotras la diversidad y la interculturalidad son enriquecedoras y dar una respuesta adecuada, una obligación. La migración no es un fenómeno coyuntural, es una realidad estructural, tanto en el mundo como en Durango”, ha señalado Eva Rodríguez Salcedo.

Esas palabras tienen su reflejo en la realidad del colegio; así, el reto de la inmigración se trabaja desde el equipo de Ciudadanía, proyecto que pretende incorporar la perspectiva de la ciudadanía global y la justicia social en Durango y el Duranguesado.

El objetivo de Jesuiten Etxea no es sólo dar solución a las necesidades de vivienda y administración de los jóvenes, sino facilitar un espacio de encuentro entre la comunidad y los jóvenes, generando un impacto positivo para ambas partes. El proyecto cuenta con personas voluntarias que, además de participar en actividades de ocio y tiempo libre, mantienen una relación puente entre la sociedad y los jóvenes que participan.

Tal como ha explicado Alaia Berganza Gangoitia del grupo de Ciudadanía, entre los objetivos del colegio se encuentra “educar al alumnado en la multiculturalidad”, para lo que ha destacado la importancia de que el educador o educadora “sirva de ejemplo” en aquello que se quiere transmitir: “Por las tardes, varios profesores, padres, madres y educadores del colegio impartimos de forma voluntaria clases de castellano, inglés y matemáticas. No sólo son clases, sino que se van creando relaciones y se va creando un núcleo comunitario o de convivencia. Cuando nos vemos por la calle, nos saludamos, nos preguntamos cómo estamos. Nos hemos convertido en convivientes y amigos”. Además, el alumnado también tiene la oportunidad de relacionarse con los jóvenes de Jesuiten Etxea a través de la Asociación Arrupe.

El propósito de este vínculo comunitario no sólo repercute en los jóvenes, sino que también genera testimonios positivos de acogida, eliminando los prejuicios que se puedan generar en la población en torno a las personas migrantes. Estos testimonios creados a partir de la experiencia de la convivencia, influyen indirectamente en la sociedad, a través de relatos difundidos en redes individuales de cada voluntario o voluntaria.

José Javier Pardo Izan ha subrayado que el salto de la dimensión personal a esa globalidad también ha llegado hasta las instituciones: “Creemos además que estas experiencias, estos proyectos no se quedan solo en la dimensión personal, sino que calan a nivel institucional. De hecho está siendo una oportunidad para que distintas obras de los jesuitas empezando por el Colegio, siguiendo por la Fundación Ellacuría y la propia Universidad de Deusto pongan el foco en estos retos sociales que hoy tenemos y que la situación que estamos viviendo de la COVID-19 ha visibilizado de forma más patente”.

En definitiva, Jesuiten Etxea tiene diferentes enfoques, pero todos coinciden en su objetivo fundamental: construir una sociedad más justa y dar respuesta a los movimientos migratorios que se están dando. Todo ello llevando a cabo un proyecto con un impacto social positivo en Durango.

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