Entrevistamos a Javi Julio, director del documental ‘Aita Mari’ que se proyecta el 16 en el Cine Zugaza de Durango

Iban Gorriti

El 16 de diciembre se proyectará en el Cine Zugaza de Durango la recomendable película ‘Aita Mari’, del director donostiarra Javi Julio. Hemos charlado con este educador social que a día de hoy trabaja como fotoperiodista. La película recorre los dos años que costó a una ONG vasca poder acudir a rescatar a personas en el Mediterráneo.

Javi Julio (Donostia, 1978) junto a rescatados por el barco ‘Aita Mari’. MARTA MAROTO

¿Quién fue Aita Mari, nombre con el que rebautizan el barco?

Fue un hombre de Zumaia que en días de galerna se echaba a la mar cuando el resto buscaba puerto donde estar seguro. Él, entonces, iba a socorrer a quienes naufragaban. Me parece una actitud acojonante.

Se cita a Aylan, el bebé kurdo de Kobane que apareció muerto en una playa. “A muchos se nos partió el alma con esa imagen”, citan.

En su momento tuvo mucho punch. En Lesbos estuvimos haciendo fotos de las llegadas y comentábamos que estábamos allí por él.

¿El pueblo vasco está concienciado para acoger refugiados?

Sí, y quiere. Hemos sido emigrantes y lo entendemos mejor que nadie.

Pero en tiempos de crisis económica la xenofobia crece.

Eso es racismo. Mal vamos cuando algunos señalan a los últimos como un problema. Cuando se les señala de enemigos. Lo importante es la construcción de un marco el que poder debatir. Lo importante es que mueren en el mar y no puede ocurrir. Partamos de ahí para discutir.

Hay (malas) personas que dicen: “No soy racista, pero…” o “no soy racista, soy ordenado. Cada uno en su país”.

Siempre hay cuatro imbéciles, hinchándose a snacks ante su ordenador y opinando… El otro día, nos decían: “Un barco de negreros”. Si estás a favor de que se les deje morir dilo públicamente. Si no partimos de ahí, yo no les admito como interlocutores válidos. Menos en esos términos.

Algunos llegan a prejuzgarles como “terroristas”.

Ese es el discurso de deshumanización de Vox, por ejemplo, contra los menas, acrónimo, de menores no acompañados. ¡Menores! Eso es lo que hacen los fascistas. En Ruanda a los tutsies les llamaban cucarachas. No quiero ir de buenista, pero esta gente trata de normalizar opiniones que no son de recibo.

Los voluntarios de Aita Mari piden que no se les trate como “héroes”.

Lógico porque esto no ha sido ni una odisea ni una epopeya. Es gente, eso sí, que hace algo que los Estados no hacen. No somos los protagonistas.

Su labor es de “observación, denuncia y rescate”.

Lo peor es cuando los gobiernos te lo impiden. Las zodiacs vacías que han sido rescatadas se pintan, se marcan, para que se sepa. Sin embargo, muchos desaparecen. No son ni estadística. Mueren en el mar en el más absoluto silencio.

Se dice en el film: “Tratamos de ayudarles y darles una posibilidad de vida”.

Sí. Primero llevémosles a tierra y luego ya debatiremos. Les dejan morir deliberadamente. Si fuéramos tú y yo en un yate en Libia y naufragáramos nos auxiliarían. Tiene que quedar claro: no les socorren porque son de raza negra. Por la raza. A blancos no les pasa. Es decir, es puro racismo. En caso de emergencia por ley se les debe ayudar.

¿Les cuentan cómo se viven esas horas como cuando en el film están un día entero a la deriva sin motor?

Nos dicen que hay silencio. Uno reza. Otros lloran. De hecho, se hacen las necesidades encima porque no hay posibilidad de moverse. Si caen al agua igual se les deja atrás.

Hablan también de que es más fácil traficar con armas, que rescatar a personas.

Así es. Se permite a barcos llevar obuses, pero no personas que buscan salvar su vida.

De hecho, el caso de Aita Mari fue un asunto de Estado. Muestran cómo el PNV y EH Bildu les apoyaron ante un Gobierno Sánchez inmóvil.

El Gobierno apoyó a los refugiados del Aquarius, pero luego no permitía ni al Aita Mari ni al Open Arms ir a rescatar. La vicepresidenta Carmen Calvo dijo: “No tienen derecho a rescatar”. Mintió deliberadamente ella que es jurista.

“No es un derecho; es una obligación”, diferencian ustedes.

Sí, hasta en la Guerra Civil el Canarias, lleno de fascistas, auxilió a los gudaris de las bous. Pues ahora, en democracia, no se puede.

Aita Mari es un canto a la esperanza, y sobre todo merece ir a verla para la reflexión.

Agradezco que te haya gustado. Lo que me fascina es que personas de origen humilde cambien sus vidas por rescatar humanos.

Y en auzolan.

Es algo muy nuestro. Aunque también se hace en otros lugares, quería dar a conocer la expresión euskaldun. Somos de acciones comunitarias, de asociacionismo, de cooperativismo…

En este caso son personas estrechando sus brazos a otras que lo necesitan.

Eso es. Personas. ¡Son personas! Quienes no les quieren a salvo les deshumanizan.

De hecho, “es ayuda humanitaria; no rescate”.

Eso es.

En el caso de Aita Mari, dos años para cambiar un atunero a barco humanitario y llegar a poder auxiliar en el film a 80 personas.

Es ayuda humanitaria que ha llegado lejos.

Un protagonista valora que en Estados Unidos se asfixió a un hombre poniéndole la rodilla en el cuello y se movilizó el mundo. En el Mediterráneo a estas personas no hace falta ni ponerles la rodilla…

En Estados Unidos surgió el movimiento Black Lives Matter. Incluso gobiernos lo apoyaron o políticos sacaron pecho diciendo lo injusto que es. Sin embargo, luego son esos Estados los que dejan morir a tantas y tantas personas en el Mediterráneo. Están permitiendo que siga ocurriendo. Son ellos los que tienen la llave.

De hecho, según ustedes, apoyan lo contrario.

Sí, pagan, por ejemplo, a Turquía para que garantice que nadie cruce. Pero, si no arreglas una gotera, el agua seguirá saliendo por otro lado. Y aquí ocurre lo mismo. Buscan otros lugares.

Huyen de guerras, de hambrunas, de cárceles a las que se les mete por tratar de salir del país… En definitiva, de inestabilidad.

Ellos lo que quieren es progresar. ¿Quién no quiere lo mejor para sí mismo y sus familias? Vienen a trabajar y poder enviar dinero a los suyos. Sin embargo, los racistas, los fascistas les ponen como en una competición del último contra el penúltimo.

Señalan al pobre como el problema. Aporafobia.

Así es. Es como el meme que todos hemos visto de un rico con un plato lleno de galletas que le dice a su trabajador, con una galleta en su plato, “ten cuidado que ese extranjero te va a quitar tu galleta”.

¿En Euskadi también ve esta situación?

En Euskadi es una maravilla ir al colegio de mi hija y que todos los críos, sean de la raza que sean, o el origen de sus padres o madres, estén hablando en euskera juntos. No podemos permitir que cuaje el discurso fascista de Vox. No podemos dejar que azucen con ese odio. Al fascismo se le planta cara.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

Los comentarios están cerrados.