¿A cuántas personas conocidas y desconocidas besas tú? ¿Por qué los niños sí deben hacerlo?

Ainhoa

Ainhoa Martin

Hola: Tengo mal día.

Hola: He dormido mal; mejor ni me mires.

Hola: He tenido bronca en casa y estoy…

Hola: Estoy fatal en el curro, como si no estuviera…

Hola: Estoy agobiada, aviso…

Hola: Estoy de bajón, por si os contesto mal…

Todos estos saludos (y más del estilo) son utilizados y entendidos en el mundo de las personas adultas. Eso sí, y ahí voy, pobre la niña o el niño que un día no quiera saludar o besar, incluso, a una persona desconocida mientras, por ejemplo, está jugando con sus amigos.

No lo comprendo. Es decir, te invito a pararte a pensar unos segundos: ¿Por qué exigimos a los niños más que a los adultos?

Vivimos en una sociedad en la que todos los niños tienen que querer besar siempre y a cualquiera que lo pida. ¿Cuántas de las personas que estáis leyendo estas líneas lo hacéis?

Ellas y ellos, sin embargo, se ven en la tesitura de tener que esperar cuando los adultos nos paramos a charlar con alguien. Tienen que contestar a todo el mundo, a cualquier pregunta absurda al estilo de «¿Y esta quién es?» (por amatxo).

Y lo más importante, no tienen derecho a elegir ni decidir o simplemente a estar un día triste o enfadado, que eso ya… nos preocupa.

¿A cuántas personas has besado o vas a besar hoy?

*La duranguesa Ainhoa Martin es… madre

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