Aprobar o saber

Rafael Hidalgo

Comprender y disfrutar es la misma cosa (Demócrito). Es una  pena que esta máxima de Demócrito no sea inculcada a los estudiantes antes de ponerse a estudiar, ya en serio, una  carrera ya que en una proporción muy elevada su objetivo inmediato es aprobar en los exámenes, pero lo de saber lo dan  por añadidura pero no deja de ser un objetivo secundario.

Es una pena porque siguiendo a la opinión de Demócrito resulta que harían más placentero y útil su paso por las aulas. Mi experiencia como estudiante de una carrera de 5 años más uno de ingreso no es que sea muy válida toda vez que simultaneé esos estudios con un trabajo con el que me medio ganaba la vida, pero lo que veía a mi alrededor entre los compañeros de curso con los que conectaba en los exámenes  trimestrales y finales era eso. Aprobar como objetivo prioritario. Por la razón  apuntada y porque en aquel entonces no sabía de la existencia del citado griego bastante hacía con sacar el curso adelante.

A partir de ahí, de acabar la carrera, sí que tuve que estudiar para saber si quería abrirme paso en las empresas en las que presté servicios y se puede decir sin faltar a la verdad que fue después de jubilarme cuando conocí a Demócrito y empecé a sacar gusto al estudiar para saber, sin que mediara en esa intención interés económico alguno.

Ya de muy joven sentía una gran afición a las cosas de la mar por tradición familiar y a todo cuanto rodeaba a la misma, por lo que antes de jubilarme ya me había comprado un bote de 4,20 m. de eslora con motor auxiliar de 4 CV. al que costaba dios y ayuda arrancarlo. Ese fue mi primer bautizo de mar como navegante autónomo. Lo tenía fondeado en Arketa (Laida) y de él disfruté hasta que alguien tuvo la ocurrencia de llevárselo en una furgoneta con destino a un pantano de la meseta para así, desde él, pegar tiros a los patos.

Transcurrido un tiempo me puse a aprender a navegar a vela no teniendo suerte con el monitor ya que era un «bandarra del copón» y bastante suerte tuve de no naufragar en una de sus clases. Pese a ello, mi moral salió robustecida hasta el punto de que me embarqué en la aventura de iniciar estudios reglados sobre la navegación deportiva y así en tres años cursé «Patrón de embarcación de recreo», «Patrón de yate » y «Capitán de yate» siendo examinado en la Escuela de Náutica de Portugalete y en la Dirección General de la Marina Mercante en Madrid.

En el intermedio me hice con un velero de 7,80 m. de eslora con el que sí, esta vez sí, aprendí a puro huevo a navegar a vela. Pero esto de los estudios que se cursan por afición, por vocación, son como las cerezas que se sacan de un cesto, que se enredan sin querer y así como consecuencia de que en «Capitán de yate» hay una asignatura que se titula «navegación astronómica», me aficioné a la astronomía y realicé un curso de sobre la misma y tan es así que llegué a dar charlas sobre ella… y ahí sigo, vocacionado a tope en el tema.

Este es el mensaje que quería transmitirles sobre todo a los puretas, porque a los estudiantes jóvenes ya lo he hecho. Aprendan de manera continuada, ya que además de mantener vivas sus neuronas retrasarán el inevitable cáncer de la lucidez y disfrutarán mogollón. Háganme caso. Disfruten.

 

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