Sobre buenos chicos y personas muy normales

Oscar Gomez

Óscar Gómez Mera

No nos podemos ni imaginar la cantidad de buenos chicos y personas muy normales que habitan la viña del Señor. Cada vez que a uno de ellos lo pillan con el carrito del helado no les falta una retahíla de amigos, parientes, camaradas, compañeros de fatigas, que salgan en la defensa de su bonhomía y su caridad cristiana.

Al delantero centro del equipo de nuestros amores lo cazan evadiendo impuestos al fisco. Las manifestaciones contra dicho atropello (el atropello es que lo hayan cazado, no el hecho de que se haya querido ir por la patilla, sin apoquinar) serán multitudinarias, y acudiremos raudos y veloces a brindarle nuestro incondicional apoyo a las puertas de los juzgados donde se dispone a declarar. Él, que tantos goles marcó, que tantas Ligas y Copas sumó a las vitrinas del club, que incluso marcó aquel gol decisivo que nos clasificó para jugar la final de la Recopa. ¿Qué son unos milloncejos de nada en comparación con los momentos de gloria con los que nos deleitó?

Llegamos a casa después de una larga jornada laboral, o tras haber estado horas en la cola del INEM (ahora SEPE). Nos encontramos las inmediaciones de nuestro portal acordonadas por la policía. El vecino del 9º B era el asesino en serie tras el que llevaban tres años. Guardaba los cuerpos de sus víctimas, todas venerables ancianas, en un arcón congelador ubicado en su trastero. Sin tiempo a reaccionar nos encontramos rodeados de reporteros dicharacheros que necesitan material informativo sobre el caso para el telediario de las nueve. Era una persona de lo más normal. Muy atento y amable. Pagaba las cuotas de la comunidad de manera religiosa. Siempre saludaba.

Al candidato de nuestro partido lo trincan metiendo la mano en los fondos públicos. Se trata, sin el menor atisbo de duda, de una campaña orquestada por la oposición y los enemigos de la sacrosanta democracia constitucional. Una persona tan honrada, tan trabajadora, tan campechana. El primero en remangarse en campaña electoral para coger el cubo y la escoba y pegar los carteles. Tan desprendido, pues era él quien pagaba los cubatas tras la pegada. Si todos roban. Yo le voy a seguir votando. Es de los míos.

Sale a la luz que ese gran empresario patrio ha construido su fortuna sobre la base del trabajo infantil en condiciones de esclavitud. Llevándose la producción fuera de nuestras fronteras. Pagando salarios de hambre. Pasándose por el arco del triunfo el medio ambiente y los derechos humanos. Pura envidia cochina. Un emprendedor como él. Que ha creado tanta riqueza y ha dado trabajo a tanta gente. Que incluso ha donado dinero a Cáritas y regalado al Servicio Público de Salud varios aparatos para la detección precoz del cáncer. Un hombre construido a sí mismo. Ojalá hubiera más como él.

Después de una sentencia bochornosa y una fianza ridícula, dejan en libertad provisional a La Manada. Alguno de ellos padre de una niña de corta edad. Incluso Guardia Civil, ese benemérito cuerpo encargado de velar por la seguridad y bienestar de las personas. Todos ellos muy nobles y muy deportistas. Seguidores del Sevilla C.F. y miembros de esa peña tan de izquierdas y tan solidaria. Todos muy buenos vecinos y muy buenos chicos. Hijos ejemplares, amantes y respetuosos de su padre y de su madre. Que incluso ayudan a las ancianas a cruzar la calle o a acarrear las bolsas del Carrefour. ¿Lo de la chica de Pamplona? Una chiquillada fruto del alcohol y la fiesta. Una mala tarde la tiene cualquiera. Además, ella disfrutó. Que se vestía como se vestía y era muy ligona. Si no, que no se hubiera ido con ellos.

No sé cuándo dejamos de establecer líneas rojas. Ni cuándo se incluyeron los sapos como plato de la casa en todos los menús del día. Desconozco, mayormente, el momento en el que se detuvo la evolución humana y comenzamos a involucionar. Ignoro el instante en el que empezamos a dar tanto asco.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

One Response to “Sobre buenos chicos y personas muy normales”

  1. Rafael Hidalgo Segurola dice:

    «Ignoro el instante en el que empezamos a dar tanto asco», dices.
    Pues probablemente Óscar, desde Adán y Eva, esos singulares y novelescos personajes, porque «semos como semos» que decía el poeta.

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