Experiencia de los días confinamiento por el covid19

sor M. Olatz 2

Sor M. Olatz

Si pienso en alto tendría que decir que no sé cómo ha comenzado todo esto de la pandemia. Alguien dijo  que en Wuhan (China) había aparecido un virus muy –yo diría biurri- de esos muy peligrosos, y para cuando nos dimos cuenta ya estaba en nuestros pueblos, casas y personas.

Al poco, nos dicen que tenemos que estar  en confinamiento, y así hemos estado oyendo de todo y viviendo en familia, nosotras en el convento. Los aitonas y amonas solos, no les podían visitar ni los hijos, como mucho hacerles las compras y dejarles en la puerta de la casa, tocar el timbre y “agur, bihar arte…”.

Una monja de mi convento me decía: yo estoy como en el Limbo y eso que no sé ni cómo es ni si existe. Después veíamos los teleberris que no hablaban de otra cosa más que del covid19. Sobre números de muertos y contagiados, más tarde comenzaron a recuperarse algunos.

Otro tema que nos preocupaba eran las residencias debido a los contagios. Ahí nos entraba el miedo. Como coja alguna de aquí… nik pentsatzen nuen jarraian  bagoaz banan-banan danak beste mundura. Comenzaron a llamarnos del ambulatorio, nos daban consejos, antiguas alumnas que se preocupaban por nosotras y nos ofrecían ayuda por si necesitábamos algo. Estos detalles son de agradecer muchísimo, te hace pensar cuáanta gente buena hay y nos quieren, más de lo que pensamos.

Todo esto vivimos por lo menos la otra hermana y yo desde el Limbo, yo pienso que es como metidas en una densa nube.

Claramente sabíamos y sabemos que nuestro colectivo es el más vulnerable. Ahora que salimos algo a la calle por necesidad, tampoco puedo decir que está como antes ni mucho menos. Hay que guardar distancias y colas para ir a comprar, a la farmacia y a cualquier otra tienda. Primero, se observa bien a ver cómo funciona, porque si no enseguida te dicen: por favor espere usted fuera hasta que le toque.

De esta forma hemos vivido estos dos meses y medio entre miedo, aturdimiento, y  también hemos reflexionado y comentado que estamos en momentos de pensar seriamente cómo entendemos que debe ser la vida tras la experiencia que hemos vivido todos; no se  prevén situaciones halagüeñas sino más bien fuertes crisis económicas que afectarán  a muchos sectores de la población mundial.

Como dice Joxe Arregi estamos en momentos de repensar en estas cuestiones en las que se tienen que involucrar especialmente los políticos, gobiernos, Iglesia,  organismos internacionales, y entre todos  tienen que ver los cambios que habría que hacer si no queremos que todo pueda ir a peor. A pesar que han muerto muchos mayores y no tan mayores seguirán jubilándose más personas y tendrán derecho de percibir una jubilación digna para tener una vida digna después de haber trabajado tantos años cotizando a la Seguridad Social.

Veo también que estamos en un momento de revisar las residencias de mayores y estudiar un poco cómo podrían ser,  públicas por supuesto, y sin ser tan masivas, los mayores y todas las personas nos merecemos lo mejor, creo que hemos dado todo y son muchos los que siguen haciéndolo porque tienen una teoría: “mientras pueda yo seguiré trabajando en lo que sea”. Gero etorriko da atsedena hartzeko denbora. Horrela pozik bizi dira.

Los jóvenes tampoco lo tienen muy bien: estuasunak pasa bearko dituzue. Orduan ezin gera geldirik egon. Gauzak agian aldaketak eskatzen dituzte. Ausartak izan gaitezen.

Se pueden decir muchas cosas, pero primero tenemos que  salir del  Limbo. Amanecer con ilusión, con humildad, escuchando a los que entienden y por qué no, también aportando todo lo que esté en nuestras manos. Buscando otro paradigma, el que conviene en estos tiempos para que todos vivamos con dignidad, amor, empatía, autoestima, misericordia, perdonando,  y todo lo que necesitamos.

No nos olvidemos de nuestra casa común Gaia, el planeta azul tan  maltratado. Nos  estamos echando piedras sobre nuestra cabeza.

Según L. Boff más o menos viene a decir que las placas tectónicas las activamos más de lo que es lo normal por el maltrato. Y no digamos nada del ozono.

Iparra galtzen badegu geu galdu gera argi euki dezagun hori. ¡No perdamos el norte, si no lo  perderemos todo!

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