Más que turismo, La Palma necesita ayuda

Unai Blanco

· Biólogo de Iurreta

Desde Mugalari Turismo me invitan a escribir sobre La Palma, una isla paradisiaca que me tiene enamorado. Tres veces he estado sobre esta masa de roca volcánica que se alza hasta más de 2000 metros sobre el mar. De la primera no tengo ningún recuerdo, apenas conservo alguna foto en las que apenas tengo tres años. La segunda vez en esta isla fue en una escapada familiar de verano, y quedé maravillado por cada rincón de esta isla.

¿Acaso es posible no quedarse boquiabierto ante la imponente Caldera de Taburiente, las cristalinas piscinas naturales de La Fajana o Charco azul, su frondosa y diversa laurisilva, o los paisajes marcianos de la “ruta de los volcanes”? Es un entorno espectacular y salvaje, donde el turismo que se practica debe ser respetuoso con la naturaleza y cultura palmera para poder conservar la riqueza que posee la isla. Me pareció el lugar más bonito que había visitado (hoy en día también lo afirmo), y me dije a mí mismo que algún día volvería.

Lo que no me podía imaginar de ninguna manera es que fuera tan pronto. Las casualidades quisieron que fuera a estudiar un máster a Sevilla, donde conocí a una chica palmera con la que creamos una estrecha amistad. Y mi tercera vez en La Palma ha culminado hace 3 días, ya que no podía desaprovechar la oportunidad de devolver la visita que mi amiga me había hecho viniendo a Iurreta en agosto.

Ha sido una experiencia inolvidable, donde aparte de conocer los lugares más recónditos y secretos de la isla, he podido conocer en primera mano al pueblo palmero. Son un pueblo que me ha abierto las puertas de sus casas con una sonrisa, y me han transmitido su identidad palmera. ¿Cómo no sentirme identificado con un pueblo tan acogedor?

Unai Blanco y Ainoha Yanes con el volcán a un lado.

Ahora, esta gente tan encantadora está viviendo un desastre natural aterrador, que yo he podido vivir de primera mano, ya que mi amiga es natural de la localidad de El Paso y podíamos ver y oír el volcán sin salir de casa. La erupción del volcán y el horror que ha creado, han mezclado en mis lágrimas la tristeza por tener que irme de la isla con la angustia que esta situación caótica ha propiciado. Gente conocida de mi amiga o familiares de palmeros que me invitaron a entrar en su casa, lo han perdido todo bajo la fuerza imparable de la lava.

Por suerte, la gente palmera se ha movilizado creando una red de personas voluntarias que trabajan en la zona afectada, y la ola de solidaridad que ha llegado hasta la isla desde diferentes puntos ha sido inmensa. En estos momentos, la manera más eficaz de ayudar a la gente afectada es haciendo bizum o transferencias bancarias a los ayuntamientos de El Paso o Los Llanos de Aridane, o al cabildo de La Palma, para que puedan comprar productos frescos de alimentación y ayudar a la reconstrucción de casas. Sin duda, es una isla propicia para ir a visitar, pero, ahora, más que turismo, necesitan ayuda.

Ayúdanos a crecer en cultura difundiendo esta idea.

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