Migrar es un derecho fundamental de todas y de todos

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Editorial mugalari.info

La mujer. El niño. La anciana. El hombre. La recién nacida. Sus derechos fundamentales. «Migrar no es un delito, delito son las causas que la originan». Lo afirma una persona que sabe de lo que habla. Migrar es un derecho de las personas citadas. Nada tiene que ver con su origen, con su persona sea cuál sea el nivel de melanina de su piel.

Todas, todos tenemos la migración como un derecho fundamental, tanto como afirmar que es un derecho de presunción de inocencia. De ningún otro modo, de culpabilidad alguna. También tenemos la suerte, de hecho, de hacer uso del derecho a no migrar.

Migrar para tener mejores oportunidades de vida, a pesar del desarraigo. Migrar para compartir los mismos derechos, como los mismos deberes. Migrar con el derecho de construcción o reconstrucción de una familia. Migrar para dejar atrás libertades cercenadas. Somos de algún modo, todas y todos emigrantes. Hay infinidad de sentimientos emigrados.

La calle vuelve presunto ‘tolerante’ al individuo. Foros de internet, bajo anonimatos, sacan la rabia de una minoría y crea un efecto dominó de sentimientos negativos hacia personas que la mayoría de las veces se desconocen. Ni cómo son ni cómo enriquecen la cultura. Ni cómo contribuyen. Y con los prejuicios y tópicos, la mayoría de las veces, no reales.

Amnistía Internacional ha instado al Estado español a poner en marcha la recién aprobada Estrategia Integral contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras formas conexas de Intolerancia, y a elaborar planes autonómicos y locales que incluyan medidas de todo tipo (político, social, educativo, de sensibilización…) para luchar contra actos y actitudes racistas, xenófobas, antisemitas e islamofóbas, así como manifestaciones de rechazo generalizado de los inmigrantes. El fin último es eliminar el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia en el lugar de trabajo, en su acceso a la sanidad, educación, prestaciones sociales, a la vivienda, a locales de entretenimiento… Todo ello «porque el mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo», valoran desde Amnistía Internacional.

 

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