Unai nos dio las coordenadas de la Memoria

Anasagasti Opinion MUgalari

Iñaki Anasagasti

La Fundación Sabino Arana organizó el pasado viernes 6 de febrero una jornada sobre ‘Buenas Prácticas y Horizonte de Futuro’. Y allí fui. Era un día frío, lluvioso y desapacible, pero a pesar de la naturaleza, la sala estaba llena hasta los topes. En la mesa y como primer punto para hablar de ‘Memoria para la Dignidad’ estaba Lourdes Herrasti, en sustitución de Pako Etxeberria, presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi que dio cuenta de lo que están haciendo y de cómo ha ido evolucionando su trabajo. Emilio Silva, nieto de un fusilado y presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Monika Hernando, Directora de Derechos Humanos y Víctimas del Gobierno Vasco, y Jordi Palou Loverdos, Director del Memorial Democratic de la Generalitat de Catalunya.

Fue un debate muy interesante con coloquio posterior. Lástima que este trabajo no se hubiera puesto en marcha al principio de la Transición. Hoy todo es mucho más difícil pues la mayoría de los protagonistas ha fallecido y son los nietos los que están logrando que el recuerdo de aquellas atrocidades no se olviden.

También estaba Unai Rementeria,  diputado de presidencia y portavoz de la Diputación de  Bizkaia.

Fue corto, directo y muy sencillo. Dijo que sabía poco de lo que allí se discutía y que había ido a aprender. Recordó como nunca en su familia se había hablado de la guerra y que posteriormente descubrió, gracias a la Fundación, que su aitite había sido gudari del batallón Arana Goiri y de la compañía Carmelo Leizaola y daba su correo para que, cualquier estudioso, cualquier persona con un proyecto de investigación en el caso de ser elegido  Diputado General de Bizkaia, le escribiera pues era algo que iba a ser una de las columnas de su gestión al frente de esta institución. Luego intervino apuntando la colisión que puede existir a veces entre la ley de la memoria y la ley de patrimonio a la hora de retirar símbolos de la guerra y la dictadura.

Breve conciso y cercano, es la primera vez que veo a un político en ejercicio dar su correo acompañando sus promesas con la facilidad de acceso. Luego me confesó que se le había olvidado nombrar a Mallona, el ex alcalde del PNV de Mundaka fusilado por los falangistas y homenajeado en los tiempos en los que Unai Rementeria fue alcalde de Mundaka.

Me gustó y creo que gustó mucho su intervención, aunque alguno, legítimamente, no aplaudió.

Tras el txakolí siguió el segundo debate sobre «lugares para la memoria; buenas prácticas» y hablaron Mariam M. de Pancorbo, catedrática de biología celular de la UPV que nos presentó el buscador web sobre el ‘Adn: memoria histórica’, el arqueólogo Agustin Azkarate, un arquitecto de la UPV que empezó hablando de que pertenecía a una familia que había sufrido el bombardeo de Gernika; Iñaki García Camino director del museo de arqueología de Bizkaia, Aitor Miñambres del centro de interpretación del cinturón de hierro en Berango e Iñaki Odriozola promotor de la recuperación de Elgoibar 1936.

El presidente de la fundación Juan Maria Atutxa anunció que esta institución había recibido el legado personal y archivo de quien fuera ministro y presidente de las cortes franquistas, Esteban Bilbao Eguia. El lehendakari Aguirre empezó a trabajar como pasante en el despacho de abogados que éste tenía en el Casco Viejo.

Fue un coloquio muy interesante. Se destacó que ningún presidente español había hecho un acto público de reconocimiento de las víctimas de la guerra y dictadura, que solo se conformaban con visitar a la viuda de Azaña en México cuando ésta vivía. Foto y nada más, que así como se recuerda el holocausto y varios hitos históricos, jamás se ha recordado lo que fue aquella represión, que el franquismo tenía siempre un puesto reservado para los mutilados de guerra y que las exhumaciones solo se podían hacer con los muertos franquistas, que Morenés ha homenajeado últimamente a la División Azul pero no a los militares republicanos, y de cómo las cortes españolas es el único parlamento que no tiene una comisión de derechos humanos, ni se puede llamar por su nombre a lo que fue un fascismo declarado. Se criticó que en las exhumaciones no hubiera ninguna autoridad institucional y de cómo falta la presencia de jueces, cuando se realizan estas exhumaciones. Se habló de todo esto y de mucho más en una mañana de cinco horas de intenso trabajo.

Todo me pareció del mayor interés y salí contento por una parte viendo el rigor de lo que se está haciendo a la vez que triste por la otra al recordar a tantos y tantos que han ido quedando en el camino así como al recordar tanta documentación desaparecida.

*Iñaki Anasagasti es senador por el PNV en Madrid.

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