XABI LOZANO | «Vietnam te regala algunos de los lugares más bonitos que puedas ver»

 

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Xabi Lozano

Con la ilusión que transmite la gente de Mugalari despego, zarpo, echo a andar… con esta colaboración. No soy ni escritor ni periodista, pero me pide Iban que relate sobre una de mis pasiones, viajar, y a eso es imposible negarse. Para este rutilante estreno, me gustaría empezar con el primer país que visité como “mochilero” hace ya unos años: Vietnam. Quizás no sea el que más me haya marcado, pero sí una aventura que viene como anillo al dedo para un comienzo, otro comienzo.

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Un periplo por el mundo de varios meses que llevaba tiempo planificando y que comenzó despegando en avión en Loiu con destino, tras dos largas escalas, en Dubái y Singapur, en la ciudad de Ho Chi Minh, antigua Saigón. Pisar suelo vietnamita fue como entrar en la máquina de gravedad en la que entrenaba Son Goku camino al planeta Namek: un bochorno descomunal que literalmente te estampaba contra el suelo.

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Ho Chi Minh, la ciudad más grande del país, es célebre por ser uno de los centros neurálgicos en los que se desarrolló la guerra de Vietnam. Por ello, el Museo de los vestigios de la guerra de Vietnam fue una de mis visitas obligadas. No es un centro museístico glamuroso como el Louvre o el Museo Nacional del Prado. Tan sólo cuenta con algunos remanentes de la guerra, como armas, algún helicóptero, aviones o tanques, pero basta con ver las cruentas imágenes de la sala principal para que se te ponga un nudo en el estómago.

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Siguieron visitas al delta del río Mekong y sus pescadores en busca de comida en aguas turbias, la ciudad de Hué y su castillo fortificado, los templos de Mi-Son… hasta llegar a HoiAn, una pequeña recomendación que resultó ser toda una joya. Se trata de una diminuta ciudad situada en el centro del país, en plena costa, que me recibió con las calles principales inundadas tras el paso de un tifón tres días antes de que llegara. Pero eso no fue un problema, todo lo contrario: aquello se convirtió por unos días en la Venecia del sudeste asiático, con barquitas paseando calle arriba y calle abajo. Además, sus casas coloniales inglesas, los farolillos chinos, un sinfín de sastrerías y una suculenta gastronomía terminaron por cautivarme.

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El viajé comenzó por el sur y terminó por el norte, donde se encuentra la capital Hanói, cuyo principal interés es el mausoleo de Ho Chi Minh, antiguo presidente de la República Democrática de Vietnam que luchó por la independencia del país ante las hordas yanquis. No es una de las ciudades más espectaculares del planeta, pero sí un perfecto lugar de tránsito para visitar dos de los lugares más impresionantes del país: la Bahía de Ha Long y Sapa.

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Dice la leyenda que el Emperador de Jade, para salvar al país de los invasores chinos, envió a dragones que escupían joyas y jade que acabaron conformando islotes en forma de muralla que fueron claves para ganar la batalla. De hecho, Ha Long significa “dragón descendente”. Y esos islotes son los que salpican la Bahía de Ha Long, una extensión de agua con preciosas formaciones rocosas considerada Patrimonio de la Humanidad y llena de misticismo.

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El último punto destacable del país es la región montañosa de Sapa, todo un descubrimiento. El paisaje resulta realmente seductor con sus hermosas colinas repletas de arrozales, ríos serpenteantes y cabañas tribales. Aquí pasé una noche con una de las tribus locales, que me trataron cual hijo que llega de un año estudiando en un país lejano. La sopa de noodles que me sirvieron sigue, tras tantos años, en mi Top10 culinario, quizás por el hambre que arrastraba tras horas y horas de trekking.

Pero no todo son cosas buenas en Vietnam. Si bien las personas que no tratan con el turista son amables y siempre responden con una sonrisa, los más cercanos al lucrativo negocio de las visitas extranjeras destacan por su avaricia y pesadez. Timadores, charlatanes y maleantes de tres al cuarto pueden llegar a ser una pesadilla. Pero al final, y más tras tantos años, uno se queda con lo bueno y, sin duda, Vietnam me regaló algunos de los lugares más bonitos que he conocido. Mi viaje no terminó con ese país, pero eso ya es otra historia.

Ongi etorri, Mugalari!

* Xabi Lozano es un traductor trotamundos. 

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