OIHANE AMANTEGI: «Ya voy por la segunda edición y estoy contenta porque está llegando a muchos lectores»

Samuel Manzanares

· La escritora zornotzarra hablará esta tarde de su exitoso libro Ibaiertzeko Ipuina en el club de lectura de la biblioteca municipal de Iurreta de 18.30 a 19.45 horas

Cuando buscas Oihane Amantegi (9 de agosto de 1985, Amorebieta-Etxano) en Google, de primeras, te dice que es antropóloga. También es profesora de euskera y traductora, pero si por algo se le puede encontrar últimamente en la sección de cultura es por ser escritora. La segunda edición de su libro Ibaiertzeko ipuina ya está en las mejores estanterías y desde sus páginas te transporta en el espacio y el tiempo al austero sur de EE.UU. y allí te convierte en una niña pequeña junto a un río enorme.

¿Por qué estudió antropología?

Porque siempre me he interesado de la gente, pero en el aspecto social. Antes no se podía directamente, tenías que hacer primero una diplomatura o el primer ciclo de una licenciatura. Sabía que quería tirar por ahí, me metí en educación social primero y luego salte a antropología. Nunca me encontré cómoda en la educación social. Empecé antropología y dije. Esto sí. Esto es lo mío.

¿Está relacionada su parte de antropóloga con la mitad escritora?

En principio, no tiene nada que ver. Son como dos espacios diferentes, pero que a la vez se mezclan mucho. En antropología hay que escribir mucho; hay que acertar a contar, a narrar, lo que se investiga y se observa. Yo, sinceramente, las vivo muy emparentadas, y me enriquece.

Hace dos años que salió el libro. ¿Está contenta con la aceptación?

Ha salido la segunda edición. Sí, estoy contenta. Estoy contenta porque se está leyendo en muchos grupos de lectura en bibliotecas. Entonces lo leen e invitan a los escritores. Vas, estas con los lectores y eso es un regalo, compartir tu texto desde tan cerca.

¿Hay algo de biográfico? ¿De dónde ha sacado la historia de la miel?

No deja de ser una pregunta trampa, lo del elemento biográfico. Ibaiertzeko ipuina es un libro de ficción; el material humano, eso es lo biográfico —mío o de cualquier otro—. Soy yo la que escribe y escribo desde dentro, la escritora está en el texto. También creo que es una pregunta que se les hace a muchas mujeres que escriben, es una pregunta que tenemos que enfrentar muchas de nosotras y no deja de ser, las veces, un cuestionamiento velado de la capacidad de producir un artefacto literario. Una vez le preguntaron a Yurre Ugarte, escritora, si escribía sobre lo que conocía, y ella contestó: “Escribo sobre lo que imagino”. No puedo decirlo mejor.

¿Por qué sitúa la trama en USA?

Es una excusa muy tonta. Es en USA porque cuando empecé a escribir el libro, que no sabía de qué iba a ir, escuchaba mucho la canción de Van Morrison que aparece en el libro y la letra acabó entrando en el texto y habla de la miel de tupelo, porque los árboles tupelo solo existen en el sur. Y como me obsesioné acabó siendo inspiración, parte del texto, excusa geográfica… Hice una pequeña investigación para meter el rio, pero el escenario acaba siendo más abstracto, un sitio medio onírico. ¿Por qué no el Ibaizabal? Porque yo quería hablar de las niñas y de la muerte, y necesitaba un paisaje que me tenía que imaginar y no quería otras referencias. Al final fue muy natural, soy escritora y me invento cosas, es lo bonito de este trabajo. Yo quería que el lector se imaginara cosas, pero al final tenemos una idea de la parafernalia yankee. Es bastante fácil imaginarse una casa, con un porche, con un tío tocando la harmónica y un rio. No tenía que dar mucha información, tampoco es que te tengas que imaginar el interior de Vietnam.

¿Le resulta fácil compaginar escribir y trabajar?

Escribir es un trabajo en sí. Cuando escribí el libro no estaba trabajando en nada más, pero he estado trabajando en otras cosas en el momento en que había que pulirlo. Obviamente no es fácil porque son dos curros y es una locura. En realidad, empecé a escribir el libro en 2014 y salió en 2020. Es un libro de 100 páginas. Le he dado el tiempo que necesitaba, no le he metido prisa y he escrito lo que quería escribir. Es mucho tiempo, pero creo que necesitaba ese tiempo. En ese tiempo he hecho muchas cosas, y hay veces que el tiempo que te queda es residual. La literatura necesita tiempo de calidad y no el tiempo que te sobre.

¿Dónde acude cuando escribe un libro?

Yo lo mandé al premio de Elkar. Hay dos premios, uno es para jóvenes y entré ahí cuando lo mandé. No gané ninguno de los premios, pero la editorial se interesó.

¿Y qué tal le han tratado?

El libro gana cuando tiene unas manos que le dan cariño: yo he tenido esa suerte gracias al editor. Al hacer la capitulación del libro, por ejemplo, Ibaiertzeko se dividió en 5 capítulos. En principio iba a ser una parrafada, todo junto, y ahora veo el libro en cinco partes y ganó mucho. Lo lees, y cuando acaba una parte el libro respira y tiene un ritmo que no tendría si hubiese sido del tirón.

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