Eneko: Tudela es Euskal Herria

Jose MAri Esparza

Jose Mari Esparza Zabalegi

Ha bastado una frase del alcalde de Donostia, en la que incluía a Tudela dentro de Euskal Herria, para que UPN y PP hayan saltado, calificándola de “insulto a los tudelanos”. Y lo más penoso, que el alcalde Eneko Larrarte haya mordido el anzuelo, saliendo en contra de esas “desafortunadas declaraciones” por “incluir Tudela en el contexto de Euskal Herria”.

Es una pena que Eneko, sin duda un buen chaval, caiga en esa trampa zafia, urdida desde hace muy pocos años por la derecha navarra y en la que suele resbalar cierta izquierda, vacilante y con muy mala memoria histórica.

Eskal Herria es un antiguo topónimo, ligado inicialmente a la extensión del euskera y luego a un territorio que incluye las dos navarras, del Adour al Ebro. Durante siglos y hasta ayer mismo su uso era normal: todavía en 1981 el PSOE navarro aprobaba una resolución sobre la autonomía en la que decía que “el Pueblo Vasco o Euskal Herria tiene su origen en Navarra”. “Euskadi y la Comunidad Foral Navarra están englobados en Euskal Herria”, manifestaba en 1985 el peraltés Balbino Bados, presidente del Parlamento Navarro por UPN.

El mismo Diario de Navarra lo ha utilizado hasta la saciedad, llamando incluso a la Diputación Foral “la más alta jerarquía de Euskal Erria”. Decir que Tudela (tal vez la Muskaria vascona de Ptolomeo), pertenece a Vasconia o a Euskal Herria, es una perogrullada, como lo es decir que pertenece a la Península Ibérica. Y negarlo indica ignorancia supina o mala fe. Otra cosa es lo que cada uno piense de su futura unidad política.

Como el resto del País, Tudela participó durante los siglos XVII y XVIII de la idea vasco-cantabrista, que blasonaba de la antigüedad de los vascos y justificaba sus leyes propias, los fueros. Fue el primer intento de dar una cohesión a las reivindicaciones de los territorios éuskaros. Incluso presumieron durante siglos de que Tubal había fundado Tubalia, y que de la Torre de Babel había traído el vascuence a Tudela y a otras ciudades de Navarra. Por eso se autotitula “Antiquísima, Nobilísima y muy Leal Colonia de Tubal, la ciudad de Tudela”. Mitos, que condicionan la historia.

Tanto participó Tudela a ese imaginario vasconavarro común, que a veces sorprende su entusiasmo, tratándose de una población tan mixturada. Cuando el 19 de mayo de 1828, el rey Fernando VII llegó a Tudela, fue recibido con arcos, alegorías e inscripciones, algunas de este tipo:

‘Las penas huyeron

del Pueblo Vascón

la risa y el gozo

allá las hundieron

do nunca brillara

hispano campeón’.

Cuando en 1866 la Diputación de Navarra propuso a las otras tres provincias la creación del Laurak Bat y la Universidad Vasco-Navarra, es notable que fuera el Ayuntamiento tudelano el primero en aplaudir la iniciativa. Numerosos tudelanos ilustres, pertenecientes generalmente al bando liberal-republicano, tomaron parte en la Asociación Euskara de Navarra, “en pro de Euskalerria”, que decía Campión.

Ese mismo entusiasmo vasquista lo vemos en 1893, durante la Gamazada: la Diputación fue recibida con el Gernikako Arbola, con letra en castellano adaptada a Tudela. El Diario de Avisos (31.VII.1893) afirmaba que el Gernikako Arbola “arrancó delirantes aplausos cuantas veces fue escuchado”, durante las fiestas de Tudela. Durante esos años podemos leer en la prensa tudelana loas continuas a la unidad éuskara, y adhesiones a las “tres provincias hermanas”. El Ayuntamiento felicitó oficialmente al vecino Gregorio Iribas por su libro Los derechos de Navarra, en el que abogaba por los fueros y llamaba encarecidamente a la unidad del pueblo éuskaro en torno a Euskal Herria.

En el siglo XX continuó en Tudela ese reconocimiento de pertenencia a un tronco común con los otros territorios. Eneko debería releer a sus ilustres paisanos, como el citado Iribas, Alberto Pelairea, Salinas Quijada, José Ramón Castro o José María Iribarren. Este último, tan loado en Tudela, dejó escrito en su Vocabulario Navarro: “Euskalerría: Nombre que dan al País Vasco; es decir, a Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra en España, y Laburdi, Benabarre y Zuberoa en el país vasco-francés. Euskalherría significa en vascuence pueblo de los euskos o vascos”. ¿Quitarán ahora su estatua de la ciudad por “insultar a los tudelanos”?

Podría aburrir con más datos históricos, pero prefiero entrarle a Eneko por el costado izquierdo, que sé que lo tiene más sensible. La tradición liberal republicana sobre la unidad del país llegó hasta los debates del Estatuto de Autonomía Vasco durante la II República. Las izquierdas dudaron, y por poca diferencia no salió adelante un estatuto unitario que había sido votado varias veces favorablemente, incluso en la ribera tudelana. Pero en 1936 las izquierdas ya habían aprendido la lección, y nada más ganar las elecciones en el Estado, el Frente Popular Navarro pidió al Gobierno (en un precioso documento que voy a remitir a Eneko) la unión vasconavarra en un mismo Estatuto, como mejor defensa ante el caciquismo navarro. Euskal Herria, además de un antiguo topónimo, era también una ligarza política para el futuro. Un mes más tarde el Frente Popular navarro era masacrado, entre ellos el alcalde de Tudela, Aquiles Cuadra, favorable al Estatuto común.

Todavía en 1992 el Gobierno de Navarra editaba folletos culturales con el nombre y el mapa de Euskal Herria, desde Bidaxune hasta Tudela. Unos años después el término quedó proscrito, algo que no había ocurrido ni con el franquismo. Si para algo debería servir el cambio político, que Eneko Larrarte tan bien representa, es para volver a poner la toponimia en su sitio. Euskal Herria es Euskal Herria como Larrarte es Larrarte, no “Entre prados”. Respetemos primero el nombre de las cosas y, luego, sigamos hablando de qué hacer con ellas.

*Jose Mari Esparza Zabalegi es editor

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